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Preludio a Valparaiso Antiguo julio 20, 2007

Posted by elobservador in Contenido multimedia, Historia.
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Durante la Colonia, Valparaíso fue el puerto de entrada a Santiago, ciudad de la que dependía, y su comercio se estableció casi exclusivamente con el puerto de Callao, en el Perú. El advenimiento de la Independencia y la libertad de comercio, permitió el comienzo de una expansión económica sostenida. Este fenómeno se vio reflejado en el aumento de la población porteña: de 5.000 habitantes contabilizados en 1810, se llega a 40.000 en 1842. Entre éstos se incluían inmigrantes extranjeros atraídos por la posibilidad de comercio con las nuevas repúblicas de América y hombres jóvenes, que se desplazaban hacia el puerto, en busca de oportunidades.

La ciudad transformó drásticamente su fisonomía. Se produjo una sectorización: en las zonas bajas se ubicaron los comerciantes extranjeros y los cerros fueron ocupados por los grupos sociales más pobres; el área plana también se dividió entre el puerto y el barrio El Almendral, con un carácter más rural. Un grupo de ingleses, después de sufrir varias inundaciones en el plano, se instalaron en el Cerro Alegre, donde floreció un barrio de lujo aislado del resto de la sociedad porteña. Sin embargo, esto constituyó una excepción. Muchos inmigrantes, en su mayoría protestantes, contrajeron matrimonios con jóvenes chilenas, lo que significó más de un conflicto con la Iglesia Católica.

La presencia de gran número de extranjeros transformó la sociedad porteña otorgándole un carácter cosmopolita, que se manifestó también en su arquitectura y en el desarrollo urbano. Las viviendas comenzaron a construirse de dos y tres pisos al estilo europeo. La cuestión urbana y las obras públicas fue una preocupación permanente en las iniciativas edilicias y privadas de esta época; se invirtió en la excavación de los cerros para ampliar la zona plana y los materiales extraídos se utilizaron para ganar terrenos al mar; se realizaron importantes obras de pavimentación de las calles; se desarrolló el transporte urbano y se crearon espacios públicos como plazas y paseos. El crecimiento de la ciudad y el auge económico en las últimas décadas del siglo XIX, generó una incipiente clase media que concentró sus actividades en el comercio minorista, como pulperías, y en el área de servicios, como imprentas y notarías.

A pesar de las oportunidades de movilidad social, la mayor parte de la sociedad porteña vivió en una situación de marginalidad. La pobreza, las enfermedades y la prostitución eran comunes en los lugares de diversión que frecuentaban los marineros que llegaban al puerto. En medio de estos contrastes, Valparaíso comenzó a decaer como centro urbano en la primeras décadas del siglo XX.

Fechas

Tengase presente que aproximadamente en la época en que fueron tomadas las imagenes que veran más adelante…

…1840
A partir de esta década comienza a erradicarse la población pobre de El Almendral, la que se
desplaza hacia los cerros de Valparaíso. Se establece un sistema de locomoción pública entre el Puerto y El Almendral 
 
…1842
27 de octubre: Por Ley se crea la provincia de Valparaíso 
 
…1851 
Se establece en Valparaíso el alumbrado público a gas y se organiza el primer Cuerpo de
Bomberos 
…1852
Comienza a funcionar la línea telegráfica entre Valparaíso y Santiago, se instala el
servicio de agua potable a algunos sectores de Valparaíso y se inicia la construcción del Ferrocarril entre Valparaíso y Santiago 
 
…1856
Octubre: Se funda la primera institución bancaria en Chile: El Banco de Valparaíso 
 
…1860
Comienza a funcionar el Ferrocarril Urbano con carros de sangre (tirados por caballos)
 
…1863
14 de septiembre: Se inaugura el Ferrocarril Valparaíso-Santiago 
 
…1866
31 de marzo: Bombardeo de Valparaíso por parte de barcos españoles
 
…1880
A partir de esta década comienza a surgir Viña del Mar como ciudad alternativa a Valparaíso. 

Como aparecieron las fotografias

La Comisión Científica del Pacífico fue la principal empresa científica ultramarina de la España isabelina. En la primavera de 1862 el Ministerio de Fomento decidió agregar un equipo de naturalistas a una escuadrilla naval que un gobierno dirigido por el general O’Donnell, líder de la Unión Liberal, envió a tierras americanas en el marco de una política panhispanista.
Tras un arduo proceso de selección, el grupo de viajeros naturalistas estuvo formado por seis profesores vinculados al Museo de Ciencias Naturales de Madrid (tres zoólogos, un geólogo, un botánico y un antropólogo) y dos ayudantes: un taxidermista y un dibujante-fotógrafo.

Su misión era formar colecciones científicas que enriqueciesen los fondos de los museos españoles y contribuir a desarrollar el programa de aclimatación de animales y vegetales exóticos que fuesen útiles a la economía española, puesto en marcha a mediados de la década de 1850 por Mariano de la Paz Graells, uno de los organizadores de la expedición.

Como consecuencia de su periplo formaron importantes colecciones zoológicas, botánicas, geológicas, antropológicas y arqueológicas que se custodian en diversas instituciones científicas madrileñas como el Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Real Jardín Botánico, el Museo Nacional de Antropología, el Museo de América y el archivo de  Marcos Jiménez de la Espada en la Biblioteca General de Humanidades del CSIC. Sólo una pequeña parte de esas colecciones ha sido estudiada. Primero por algunos de los viajeros naturalistas como Martínez y Sáez y por Jiménez de la Espada, autor de un excelente estudio sobre su colección de anfibios, considerado como una obra clásica de la literatura herpetológica internacional. Posteriormente, esas investigaciones fueron proseguidas por algunos de los naturalistas más importantes de la España del último tercio del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX como los zoólogos Ignacio Bolívar y Ángel Cabrera Latorre, el antropólogo Luis de Hoyos Sainz, y el botánico Josep Cuatrecasas.

Además de las contribuciones efectuadas por esas investigaciones al conocimiento de la diversidad de la naturaleza y las culturas americanas,  la expedición generó otros importantes resultados artísticos y científicos. Por un lado, el dibujante-fotógrafo Rafael Castro y Ordóñez efectuó un conjunto de fotografías, de las que se conservan en torno a medio millar, que constituyen una magnífica fuente iconográfica para el conocimiento de las ciudades, los paisajes y las gentes que observó el ojo mágico de la cámara de Castro. Por otra parte, uno de esos expedicionarios -Jiménez de la Espada- transformó su peregrinación científica a ultramar en una especie de viaje iniciático, en el que se forjó su interés por el estudio de las antigüedades americanas y su afán por reconstruir las tradiciones científicas generadas en América por la administración colonial y los cronistas de Indias durante la era moderna. Esa afición por la historia le animó a impulsar una comunidad científica internacional de americanistas que emergió en el último cuarto del siglo XIX.

Información recopilada de

http://www.memoriachilena.cl/
http://www.pacifico.csic.es/

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